A cien años del robo del siglo

“Fue cuestión de segundos.” Con estas palabras Vincenzo Peruggia, de 32 años, describió a la corte florentina cómo llevó a cabo el legendario robo de la obra de arte más famosa de la historia, la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci. Un robo que cumple su centésimo aniversario este domingo.

Vincenzo Peruggia

El 21 de agosto de 1911 Peruggia entró al Salon Carré del Museo del Louvre, descolgó la Mona Lisa y, luego de haber dejado el marco en una escalera cercana, la escondió bajo su blusón de pintor, saliendo del palacio sin despertar sospechas. Tuvo que pasar un día para que los empleados descubrieran, atónitos, su ausencia, y se diera una voz de alarma que resonaría por toda Europa. El museo cerraría durante toda la semana, mientras cientos de personas se acercaban con ansias a las puertas. “El sentimiento del público ha pasado de la incredulidad a la mayor indignación”, escribiría el New York Times.

El acto, tal como lo relataba Peruggia, no había ofrecido complicaciones. Ex empleado del Louvre, sabía exactamente cómo podría hacerse con una obra que ya entonces era más que sí misma, para luego desaparecer y ser prácticamente ignorado por las investigaciones policiales. Los lunes el museo se cerraba y era ocupado por el personal de limpieza y algunos estudiantes de arte y fotógrafos. Con el uniforme apropiado que lo camuflara –y adecuadas dosis de paciencia, dado que debería dormir la noche anterior en el museo–, Peruggia pudo circular por los espléndidos pasillos sin que se le prestara mayor atención.

Descubierto el siniestro, fue surgiendo una plétora de hipótesis que no pueden haber hecho menos que divertir al autor del hecho. La policía misma sospechaba que había sido robada por un maniático enamorado del profundo rostro de La Gioconda. Otros pensaban que todo había sido planeado por un periódico sensacionalista. A los pocos días los periódicos alimentaron más rumores sobre su paradero: estaba siendo transportada a Estados Unidos por un artista estadounidense, o bien a Burdeos por un “hombre corpulento muy nervioso”, para luego seguir camino a Latinoamérica. Se sospechó de Pablo Picasso y se llegó a arrestar al poeta Apollinaire. Peruggia apenas fue interrogado brevemente en su departamento.

Con el tiempo, el público francés comenzó a creer que la obra había sido perdida para siempre. No fue sino hasta dos años después, cuando Peruggia  intentó venderla a la galería Uffizi de Florencia y fue arrestado, que el misterio del robo renació en el imaginario popular. Peruggia, por su parte, tuvo un comportamiento más errático que misterioso. Su declaración de que la había sustraído por motivos patrióticos para llevarla a su “tierra natal” era un tanto contradicha por el hecho de que antes de haberla robado y almacenado dos años en su departamento de París (ni en Estados Unidos ni en Burdeos) él había realizado una lista de coleccionistas y vendedores privados, entre los que se contaban John D. Rockefeller y Andrew Carnegie. Sin embargo, el alegato fue suficiente para valerle una reducción considerable de su condena de un año. Tras apenas siete meses en prisión, fue liberado.

La Mona Lisa recuperada

La Mona Lisa recuperada

Desde entonces ya no se la ha intentado robar; pero la fascinación por el cuadro no ha dejado de manifestarse por canales inesperados. Ataques con ácido, pintura, piedras y hasta tazas de té han obligado a que hoy La Gioconda nos sonría detrás de un vidrio a prueba de balas, que además la protege de los cambios de temperatura y de los flashes de las cámaras. Suele decirse que sus ojos siguen al espectador cuando este se desplaza por la habitación. Cabe preguntarse si no será por sabio recelo.

Robert K. Wittman

Robert K. Wittman

Robert K. Wittman

Desde 1911 fueron muchos los cambios realizados a nivel internacional para la protección del patrimonio cultural: van desde la implementación de medidas de seguridad relativamente sencillas y económicas en los museos, como la instalación de alambres más gruesos para la sujeción de las obras, hasta la creación de agencias de cooperación internacional para el rastreo de bienes robados. Además, en algunos países se cuenta con departamentos especializados en estos crímenes. Entre los más conspicuos se encuentra el Equipo de Crímenes de Arte del FBI, en EE. UU., un grupo de agentes profesionales formado en 2004 para asistir en la recuperación de artefactos, mapas, pinturas y otros objetos de valor artístico e histórico. Durante los primeros cuatro años, el grupo estuvo liderado por el ex agente especial Robert K. Wittman. Hijo de un vendedor de antigüedades, se unió al FBI en 1988 y durante las dos décadas siguientes recuperó cientos de millones de dólares en obras de arte, hasta su retiro en 2008. En 2010 publicó Priceless, libro en el que relata los hechos más importantes de su carrera, incluyendo numerosas operaciones encubiertas en París, Copenhague, Madrid y Varsovia.

– Para perseguir a los que cometen crímenes contra el patrimonio cultural, los investigadores seguramente deben “conocer a su enemigo”. ¿Qué clase de criminal roba una obra de arte?

Hay un par de tipos de ladrones que se involucran en el robo de arte. Un tipo es el criminal que no sabe nada sobre el arte excepto el hecho de que es valiosa. Estos suelen ser los más peligrosos ya que son criminales que se involucran en muchas clases distintas de crímenes, y el robo de arte es una empresa criminal más para ellos. Estos son los individuos que cometen los robos armados de los museos y galerías o que fuerzan la entrada y realizan hurtos en el medio de la noche. Generalmente son muy buenos ladrones y escapan con el botín pero son pésimos hombres de negocios que terminan siendo atrapados cuando tratan de vender el arte, generalmente de vuelta a la policía.

–De las miles de obras de arte robadas en los últimos cien años, algunas han sido recuperadas con relativa rapidez, en cuestión de meses, mientras otras jamás han vuelto a aparecer. ¿Cuán difícil es robar una obra de arte? ¿Pueden ser vendidas luego de robadas?

Los criminales que cometen robos a mano armada y hurtos en los museos y galerías generalmente están más preocupados por el robo en sí y el escape que por lo que harán con los cuadros una vez que los tengan. Solo entonces se enteran de que prácticamente no hay mercado para obras de arte robadas que valen millones de dólares. De hecho, no tienen valor porque no tienen un buen origen o título, por lo que los coleccionistas que las harían valiosas no están interesados en comprarlas. Si no hay mercado, tampoco hay valor.

–Gracias a sus investigaciones y a su trabajo encubierto en el FBI, millones de dólares han sido recuperados en obras de arte. ¿De cuál recuperación se siente más orgulloso?

Durante mi carrera hubo muchas operaciones multimillonarias en las que estuve involucrado. Recuperé más de cincuenta millones en pinturas en Madrid, un “Autorretrato” de Rembrandt de treinta y seis millones en Copenhague, cuadros de Berlín, Río De Janeiro y artefactos precolombinos de tumbas de Perú y Ecuador. Si bien recuperé más de trescientos millones en propiedad cultural, nunca valoré los bienes económicamente. Siempre se trató de la importancia cultural de los objetos. De hecho, uno de los casos más significativos involucró la recuperación de una bandera de batalla que fue llevada en batalla durante la Guerra Civil Estadounidense. La bandera representaba a un regimiento de tropas afroamericanas y se disparó a varios de los hombres por debajo de la bandera mientras la sostenían en alto durante la carga. Era una verdadera tela ensangrentada y representaba la primera vez que estos hombres habían podido pelear por su libertad y por la libertad de todas las generaciones de sus familias que los siguieron. Estaba valuada en apenas treinta mil dólares, pero realmente no tenía precio.

Pesadillas ajenas

Están acusando a un niño del asesinato de otra persona. Estamos en otro tiempo y lugar, en otra cultura. La principal acusación viene de otra niña que si bien no vio cometer el crimen, tiene demasiado miedo para volver a desafiar sus creencias. El niño acusado (con el cual me identifico de cierto modo, por más que no sea yo) apela a la niña y, fallido el intento, al juez. La única manera que tiene de probar su inocencia es transmitir un sueño a través del tiempo que afecte a todas las personas de hace cincuenta años, influenciando el futuro (es decir, el presente) y evitando así la acusación. Empiezo a ver este sueño, que en realidad es una pesadilla, como un espectador voluntario. Es por eso que no siento miedo, porque en realidad, estoy viendo lo que los demás ven, no lo que yo mismo veo.

El sueño en sí es una colección de imágenes levemente perturbadoras con la presencia casi constante de una persona con cara de villano, pelado y con el ceño fruncido. Una imagen se acerca y es luego reemplazada por otra un poco distinta, cada vez más pesadillesca. Admiro el sueño como admiro cualquier sueño bien hecho en una película. Al terminar el sueño -y despertarse los soñadores-, comienzo a ver las cosas como si estuviera en una película en blanco y negro de los años ’40, de esas que tenían diálogos elaborados e imposibles. Al parecer, todos los hombres del mundo han tenido la misma pesadilla. Es interesante que las mujeres estén excluidas, pero nuevamente, es una película de los años ’40, y las mujeres supuestamente no tienen impacto sobre el futuro.

Todos los hombres están aterrados por la pesadilla. Las mujeres, esposas y mucamas, corren a auxiliarlos. Al comienzo los hombres pueden moverse, pero luego parece que están postrados en sus camas. Entro a una habitación en particular, y veo que la mucama va a irse a buscar algo. Pero las cosas han cambiado. Abre una puerta y descubre que solo hay pared del otro lado. Abre otra y sucede lo mismo. Le ayudo a abrir una tercera, pero sé que esa puerta la llevará a otro mundo, un mundo terrible y en colores, no aquél al que quiere ir. Ella también lo intuye. Una vez que sale sostengo la puerta abierta y le doy la oportunidad de regresar: “¿Salís o te quedás? ¿Salís o te quedás?”

-Está bien, salgo.

Ahí yo cierro la puerta.

Sueño con famosos: Félix Luna

De mi primer sueño lo único que recuerdo es que estoy andando en bicicleta por un barrio. Por cierto movimiento sospechoso, me doy cuenta que no me iban a dejar cruzar la frontera. Como también me doy cuenta de que es un sueño, cuando llego a la frontera y un hombre me dice que no puedo pasar comienzo a tomar el control del sueño, y me dispongo a luchar con él. Fue, sin embargo, una pelea sumamente aburrida. ¿La razón? Caigo en la cuenta de que como no sé artes marciales en la vida real, no puedo hacer una coreografía de lucha decente.

En el segundo sueño estoy con un coro en una habitación, y con nosotros está Félix Luna (aunque creo que por momentos es el compositor Carlos Guastavino). Hablamos con él de sus poemas. No sé exactamente qué preguntas le hacemos, pero luego nos quedamos con su esposa, una mujer relativamente joven. Ella nos dice que tenemos que ampliar nuestro repertorio, aunque hayamos empezado el año muy bien. Nosotros decimos algunas ideas que se nos ocurren para hacer justamente eso, pero ella nos dice “No, no, pero… ¿qué querés cantar vos?” Y comienza a preguntarnos uno a uno. Un coreuta gordito dice, marcando mucho la palabra, “Fol-klore”. Otro dice tango. Yo, mientras tanto, voy a buscar las llaves a otra habitación porque ya debo irme, pero cuando vuelvo ya todos se han ido. Luna está en una habitación contigua y no lo puedo interrumpir.

Acto seguido, me encuentro en un centro comercial. Tengo que llegar a otro centro comercial, y para hacerlo accedo al mismo a través de una escalera mecánica estrecha y velocísima. Me encuentro con muchas personas. Me caigo en una fuente, y cuando puedo salir de ella me caigo en otra un piso más abajo, al lado de una cafetería.

Sueño con famosos: Bielsa

Aparezco de madrugada en la calle San Martín. Tengo que llegar hasta la casa de M., pero temo porque la calle está desierta y tengo la sensación de que me van a asaltar. Justo veo que, por suerte, llega un colectivo que va en la misma dirección. El colectivo se detiene junto a un grupo de policías cuya presencia era por cierto inexplicable, y yo me subo. Resulta ser que se trata de un colectivo policial, pequeño, peludo y blindado. Pensando que si me creen periodista no me van a cobrar, saco mi cámara fotográfica, pero la conductora se limita a decirme “No, eso atrás”. Más tranquilo, me aproximo a la parte trasera mientras el colectivo arranca. Me doy cuenta de que sólo avanza una cuadra más hacia donde tengo que ir, y entonces dobla y emprende el regreso. Para entonces que el sueño es demasiado complicado y cambio de canal.

Empiezan a aparecer imágenes de Maradona cuando era chico, jugando en el potrero. Pero éstas son pronto reemplazadas por imágenes de otro partido transmitido en blanco y negro, en una cancha de tierra. Caigo en la cuenta de que estoy en el programa de Mirtha Legrand y que los videos son parte de un clip. Uno de los invitados (seguramente un jugador de fútbol) hace comentarios. Vemos cómo hacían goles y corrían para festejarlos. Pero no se limitaban a correr dentro de la cancha, sino que salían y empezaban a correr a campo traviesa (la cancha estaba en medio de los cerros). Yo hacía bromas sobre eso, diciendo que “habían ido a cobrar”.
En el video vemos a un tipo joven y gordito que identifico como Bielsa, y los demás invitados repiten “Sí, Bielsa, Bielsa”. Claro que, dormido, yo no recordaba la cara de Bielsa, por lo que tuve que reemplazarlo con Miguel Ángel Rodríguez.

El partido se jugaba, como ya dije, sobre tierra, pero con una pelota que en realidad sólo tenía su cámara, que se pinchaba a cada momento. En un momento, un jugador de mi equipo (ahora yo estoy dentro de la acción) se da cuenta de que está nuevamente pinchada y la recoge diciendo “esperen… no hay pie… no hay pie” mientras la da vuelta. Finalmente encuentra el tajo y se la lleva del campo de juego. El sueño termina conmigo tratando de hacer una chilena.

Sueño con famosos: Haley

Secuestraban a alguien. Los secuestradores eran muy profesionales. ¿Cómo lo sabía yo? Bien, habían arreglado todo para que el equipo de rescate creyera que había un segundo auto para que todos sus esfuerzos estuviesen dirigidos a la persecución de un segundo auto inexistente. Uno de los secuestradores (se veía como un esteorotípico mafioso hollywoodense) dijo en un punto “¿Ven? No hay un segundo auto”, admirado de su propio ingenio.

Unos momentos después pude ver a quién secuestraban: era Haley Joel Osment (importante: tenía una mochila consigo). De algún modo el equipo de rescate pudo detener al único auto (u otra cosa sucedió que hizo que los secuestradores salieran del auto) y todos sacaron un arma. Sí, todos, incluyendo a Haley.

Primer sueño

Estaba llegando a mi antiguo colegio cuando noto al costado de la reja que lo circunda un bolso inscripto con un nombre que reconozco como el del autor de Pédro Páramo y El llano en llamas. No era “Juan Rulfo”, sino otro, pero obviamente me confundo (o no, no sé si se puede hablar de confusiones dentro de una realidad que no es la nuestra). En realidad, en el mismo sueño yo dudaba si era el autor de novelas o un compositor de bandas sonoras para películas.
Yo recojo este bolso y, obviando por completo el traje que está junto a él (también perteneciente al autor) decido hacerle un favor a nuestro amigo de nombre olvidado: llevar su pesado bolso hasta mi colegio, que es sin duda hacia donde se dirige este hombre, esté donde esté.
Cuando voy entrando al predio, unas niñas de la escuela se burlan de mi accionar, tras lo cual yo les explico que “Nuestras vidas juntas no se comparan con lo que hizo él”. Me enredo en mi explicación y no me entienden, por lo que explico nuevamente. “Él ha hecho el doble en su vida de lo que nosotros haremos jamás”. Como mis intentos son infructuosos, me inclino por retirarme con jactancia, y digo

— ¿Ustedes saben quién es XXXX?
— No
(con desdén) ¡Ahh!

Cuando voy llegando a la escuela veo a R., también llegando. Está de espaldas y me acerco a él sigilosamente para sorprenderlo. Su cabello está rapado a los costados. Mientras me acerco, empiezan a sonar unos tambores que crecen en intensidad a la par de mi proximidad. Cuando por fin nota mi presencia (y cesan los tambores) me trata con displicencia, diciéndome algo como “No tengo tiempo cuando acá está una genialidad como XXXX” y añadiendo “El Llano en Llamas se encuentra entre las 500 mejores obras de la literatura castellana” según no se qué revista. Luego, comienza a caminar hacia donde -presumo- está el hotel donde se aloja.
Yo empiezo a explicarle que tengo su bolso, por lo que tendrá más posibilidades de conocerlo quedándose conmigo, pero entonces me doy cuenta que el bolso que estoy sosteniendo no es del autor sino el de otra persona. Sólo compartía el primer nombre.
El poco tiempo que queda en el sueño se trata de mí pensando cuán estúpido me siento, habiendo cargado con el pesado bolso de un completo desconocido hasta un lugar donde quizás ni quería ir. Cuánto se reirán las niñas de mí. Aunque no, no pueden darse cuenta, no lo van a saber.

Sinestesia

Hace minutos dije en un comentario que soy un gran recomendador. Y el que me conoce personalmente, sabe que frecuentemente recomiendo directores y películas, autores y libros, fotógrafos y fotografías.

En esta ocasión les traigo un video sobre la sinestesia. La sinestesia, para aquél que no sepa, es la mezcla o confusión de los distintos sentidos. En un nivel neurológico, es una conexión más entrecha entre las distintas áreas sensoriales del cerebro. Todos los seres humanos tenemos cierto grado de sinestesia, pero solo una persona en un millón tiene “verdadera” sinestesia, aquella que hace oir imágenes o ver sonidos. Algunos casos famosos son el pintor Kandinsky o el compositor Rimsky-Korsakov (que cuando oía orquestas de chico, creía que apagaban las luces para que el público viera mejor los colores). Por supuesto, la conexión entre la audición y la vista no es el único tipo de sinestesia, y de hecho, aun en la actualidad se descubren nuevos tipos de sinestesia: hace poco se descubrió que algunas personas sienten emociones al tocar distintas texturas. Estamos hablando de emociones complejas, que van más allá de la alegría o la tristeza. Por ejemplo, una pesrona sentía culpa al tocar el terciopelo.

El video en cuestión fue realizado por la dupla de directores musicales Terri Timely. No solo es hermoso visualmente, sino que demuestra de una manera extraordinaria el concepto. Como dato extra, apunto que en los comentarios de YouTube aparecen varios sinestésicos que comentan cómo se sintieron al ver la primera escena. Es una vida sensorial verdaderamente envidiable.

Mi cerebro se conforma con pensar en el color negro cuando escucha el nombre Jorge. ¿Y el de ustedes?

Link al video en YouTube.
Link al video en alta definición.
(via Mind Hacks)